En la exploración del trauma y su impacto en el cuerpo humano, el trabajo desarrollado por David Brito, con su método Yogashi, destaca por su enfoque en la conexión profunda entre la mente y el cuerpo. Este nos invita a reconsiderar, a través de Yogashi, la forma en que comprendemos y abordamos el trauma, desafiando la noción de que la sanación se limita únicamente al ámbito cognitivo.
El trauma no solo reside en la mente, sino que también queda anclado en el cuerpo, manifestándose a través de síntomas físicos y emocionales. Su enfoque somático reconoce que el cuerpo tiene su propio lenguaje, una sabiduría innata que puede guiarnos hacia la sanación si aprendemos a escucharla.
En su metodología central, está la idea de que el trauma puede ser liberado del cuerpo a través de la atención consciente y la resolución somática. Nos enseña que, al permitir que el cuerpo complete sus respuestas instintivas a situaciones traumáticas interrumpidas, podemos disolver los patrones de disfunción y restaurar un estado de equilibrio interno, actuando a nivel visceral, muscular y nervioso.
Un aspecto fundamental de su trabajo es la resiliencia inherente del cuerpo, su capacidad para autorregularse y auto-sanarse cuando se le brinda el espacio y el apoyo adecuados. Nos muestra cómo podemos acompañar al cuerpo en su proceso de liberación y recuperación, honrando su sabiduría innata y restaurando la integridad perdida.
En última instancia, nos recuerda que la sanación del trauma es un proceso holístico, que requiere de una profunda integración entre mente, cuerpo y espíritu. Al abrazar esta perspectiva somática, podemos abrirnos a nuevas posibilidades de transformación y crecimiento, liberando el pasado y abrazando plenamente el presente con todo nuestro ser.




